Sufrimiento
Nuestros sufrimientos son caricias bondadosas de Dios, llamándonos para que nos volvamos a Él, y para hacernos reconocer que no somos nosotros los que controlamos nuestras vidas, sino que es Dios quien tiene el control, y podemos confiar plenamente en Él.
Madre Teresa de Calcuta (1910-1997) Misionera yugoslava nacionalizada india
No hay razón para buscar el sufrimiento, pero si éste llega y trata de meterse en tu vida, no temas; míralo a la cara y con la frente bien levantada.
Friedrich Nietzsche (1844-1900) Filosofo alemán.
Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento.
Viktor Frankl (1905-1997) Psiquiatra y psicoterapeuta austriaco.
Dios, que muestras nuestras lágrimas a nuestro conocimiento, y que, en su inmutable serenidad, nos parece que no nos tiene en cuenta, ha puesto él mismo en nosotros esta facultad de sufrir para enseñarnos a no querer hacer sufrir a otros.
George Sand (1804-1876) Escritora francesa
.
Cualquiera puede dominar un sufrimiento, excepto el que lo siente.
William Shakespeare (1564-1616) Escritor británico.
El sufrimiento es el medio por el cual existimos, porque es el único gracias al cual tenemos conciencia de existir.
Oscar Wilde (1854-1900) Dramaturgo y novelista irlandés.
Nos escondemos en la fría indiferencia al sufrimiento innecesario de otros, incluso cuando lo causamos.
James Carroll (1943-?) Escritor estadounidense
Sin nuestro sufrimiento, nuestra tarea no diferiría de la asistencia social.
Madre Teresa de Calcuta (1910-1997) Misionera yugoslava nacionalizada india
El sufrimiento más intolerable es el que produce la prolongación del placer más intenso.
George Bernard Shaw (1856-1950) Escritor irlandés
lunes, 18 de junio de 2007
INDEFERENCIA
Indiferencia… la indiferencia se define como una actitud ante algo que se valora como neutro, ni positivo ni negativo, ni bueno ni malo.Para mi la indiferencia es… un lujo afectivo… porque el indiferente no sufre con el sufrimiento de los demás… así como no sufre tampoco ríe, se sorprende, grita, llora… No obstante la indiferencia es casi una condición generalizada... En un mundo en el que todos se enamoran cada vez más de su sí mismo… los indiferentes viven en un mundo que han creado para sí porque sólo importan ellos, nadie más…Indiferencia… veneno cruel la indiferencia… mi corazón ya no soporta tanto desasosiego... nadie muere de amor ni de olvido... a mi me mata la indiferencia…“Compadecemos al ciego que nunca ha visto la luz del día, al sordo que nunca ha oído los acordes de la naturaleza, al mudo que nunca ha podido expresar la voz de su alma, y, so pretexto de un falso pudor, no queremos compadecer esa ceguera del corazón, esa sordera del alma, esa mudez de la conciencia, que enloquecen a la desgraciada afligida y sin querer la hacen incapaz de ver el bien, de oír al Señor y de hablar la lengua pura del amor y de la fe”. La Dama de las Camelias. Alejandro Dumas.
Sacado de “la coctelera”
Sacado de “la coctelera”
MARTES 19 DE JUNIO
Día litúrgico: Martes XI del tiempo ordinario
Texto del Evangelio (Mt 5,43-48): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial».
Comentario: Rev. D. Iñaki Ballbé i Turu (Rubí-Barcelona, España)
«Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial»
Hoy, Cristo nos invita a amar. Amar sin medida, que es la medida del Amor verdadero. Dios es Amor, «que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos» (Mt 5,45). Y el hombre, chispa de Dios, ha de luchar para asemejarse a Él cada día, «para que seáis hijos de vuestro Padre celestial». ¿Dónde encontramos el rostro de Cristo? En los otros, en el prójimo más cercano. Es muy fácil compadecerse de los niños hambrientos de Etiopía cuando los vemos por la TV, o de los inmigrantes que llegan cada día a nuestras playas. Pero, ¿y los de casa? ¿Y nuestros compañeros de trabajo? ¿Y aquella parienta lejana que está sola y que podríamos ir a hacerle un rato de compañía? Los otros, ¿cómo los tratamos? ¿Cómo los amamos? ¿Qué actos de servicio concretos tenemos con ellos cada día?
Es muy fácil amar a quien nos ama. Pero el Señor nos invita a ir más allá, porque «si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener?» (Mt 5,46). ¡Amar a nuestros enemigos! Amar aquellas personas que sabemos —con certeza— que nunca nos devolverán ni el afecto, ni la sonrisa, ni aquel favor. Sencillamente porque nos ignoran. El cristiano, todo cristiano, no puede amar de manera “interesada”; no ha de dar un trozo de pan, una limosna al del semáforo. Se ha de dar él mismo. El Señor, muriéndose en la Cruz, perdona a quienes le crucifican. Ni un reproche, ni una queja, ni un mal gesto...
Amar sin esperar nada a cambio. A la hora de amar tenemos que enterrar las calculadoras. La perfección es amar sin medida. La perfección la tenemos en nuestras manos en medio del mundo, en medio de nuestras ocupaciones diarias. Haciendo lo que toca en cada momento, no lo que nos viene de gusto. La Madre de Dios, en las bodas de Caná de Galilea, se da cuenta de que los invitados no tienen vino. Y se avanza. Y le pide al Señor que haga el milagro. Pidámosle hoy el milagro de saberlo descubrir en las necesidades de los otros.
Texto del Evangelio (Mt 5,43-48): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial».
Comentario: Rev. D. Iñaki Ballbé i Turu (Rubí-Barcelona, España)
«Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial»
Hoy, Cristo nos invita a amar. Amar sin medida, que es la medida del Amor verdadero. Dios es Amor, «que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos» (Mt 5,45). Y el hombre, chispa de Dios, ha de luchar para asemejarse a Él cada día, «para que seáis hijos de vuestro Padre celestial». ¿Dónde encontramos el rostro de Cristo? En los otros, en el prójimo más cercano. Es muy fácil compadecerse de los niños hambrientos de Etiopía cuando los vemos por la TV, o de los inmigrantes que llegan cada día a nuestras playas. Pero, ¿y los de casa? ¿Y nuestros compañeros de trabajo? ¿Y aquella parienta lejana que está sola y que podríamos ir a hacerle un rato de compañía? Los otros, ¿cómo los tratamos? ¿Cómo los amamos? ¿Qué actos de servicio concretos tenemos con ellos cada día?
Es muy fácil amar a quien nos ama. Pero el Señor nos invita a ir más allá, porque «si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener?» (Mt 5,46). ¡Amar a nuestros enemigos! Amar aquellas personas que sabemos —con certeza— que nunca nos devolverán ni el afecto, ni la sonrisa, ni aquel favor. Sencillamente porque nos ignoran. El cristiano, todo cristiano, no puede amar de manera “interesada”; no ha de dar un trozo de pan, una limosna al del semáforo. Se ha de dar él mismo. El Señor, muriéndose en la Cruz, perdona a quienes le crucifican. Ni un reproche, ni una queja, ni un mal gesto...
Amar sin esperar nada a cambio. A la hora de amar tenemos que enterrar las calculadoras. La perfección es amar sin medida. La perfección la tenemos en nuestras manos en medio del mundo, en medio de nuestras ocupaciones diarias. Haciendo lo que toca en cada momento, no lo que nos viene de gusto. La Madre de Dios, en las bodas de Caná de Galilea, se da cuenta de que los invitados no tienen vino. Y se avanza. Y le pide al Señor que haga el milagro. Pidámosle hoy el milagro de saberlo descubrir en las necesidades de los otros.
martes, 12 de junio de 2007
MIERCOLES 13 DE JUNIO
Día litúrgico: Miércoles X del tiempo ordinario
Texto del Evangelio (Mt 5,17-19): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos».
Comentario: Rev. D. Miquel Masats i Roca (Girona, España)
«No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento»
Hoy escuchamos del Señor: «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas; (...), sino a dar cumplimiento» (Mt 5,17). En el Evangelio de hoy, Jesús enseña que el Antiguo Testamento es parte de la Revelación divina: Dios primeramente se dio a conocer a los hombres mediante los profetas. El Pueblo escogido se reunía los sábados en la sinagoga para escuchar la Palabra de Dios. Así como un buen israelita conocía las Escrituras y las ponía en práctica, a los cristianos nos conviene la meditación frecuente —diaria, si fuera posible— de las Escrituras.
En Jesús tenemos la plenitud de la Revelación. Él es el Verbo, la Palabra de Dios, que se ha hecho hombre (cf. Jn 1,14), que viene a nosotros para darnos a conocer quién es Dios y cómo nos ama. Dios espera del hombre una respuesta de amor, manifestada en el cumplimiento de sus enseñanzas: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos» (Jn 14,15).
Del texto del Evangelio de hoy encontramos una buena explicación en la Primera Carta de san Juan: «En esto consiste el amor a Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son pesados» (1Jn 5,3). Guardar los mandamientos de Dios garantiza que le amamos con obras y de verdad. El amor no es sólo un sentimiento, sino que —a la vez— pide obras, obras de amor, vivir el doble precepto de la caridad.
Jesús nos enseña la malicia del escándalo: «El que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos» (Mt 5,19). Porque —como dice san Juan— «quien dice: ‘Yo le conozco’ y no guarda sus mandamientos es un mentiroso y la verdad no está en él» (1Jn 2,4).
A la vez enseña la importancia del buen ejemplo: «El que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos» (Mt 5,19). El buen ejemplo es el primer elemento del apostolado cristiano.
Texto del Evangelio (Mt 5,17-19): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos».
Comentario: Rev. D. Miquel Masats i Roca (Girona, España)
«No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento»
Hoy escuchamos del Señor: «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas; (...), sino a dar cumplimiento» (Mt 5,17). En el Evangelio de hoy, Jesús enseña que el Antiguo Testamento es parte de la Revelación divina: Dios primeramente se dio a conocer a los hombres mediante los profetas. El Pueblo escogido se reunía los sábados en la sinagoga para escuchar la Palabra de Dios. Así como un buen israelita conocía las Escrituras y las ponía en práctica, a los cristianos nos conviene la meditación frecuente —diaria, si fuera posible— de las Escrituras.
En Jesús tenemos la plenitud de la Revelación. Él es el Verbo, la Palabra de Dios, que se ha hecho hombre (cf. Jn 1,14), que viene a nosotros para darnos a conocer quién es Dios y cómo nos ama. Dios espera del hombre una respuesta de amor, manifestada en el cumplimiento de sus enseñanzas: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos» (Jn 14,15).
Del texto del Evangelio de hoy encontramos una buena explicación en la Primera Carta de san Juan: «En esto consiste el amor a Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son pesados» (1Jn 5,3). Guardar los mandamientos de Dios garantiza que le amamos con obras y de verdad. El amor no es sólo un sentimiento, sino que —a la vez— pide obras, obras de amor, vivir el doble precepto de la caridad.
Jesús nos enseña la malicia del escándalo: «El que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos» (Mt 5,19). Porque —como dice san Juan— «quien dice: ‘Yo le conozco’ y no guarda sus mandamientos es un mentiroso y la verdad no está en él» (1Jn 2,4).
A la vez enseña la importancia del buen ejemplo: «El que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos» (Mt 5,19). El buen ejemplo es el primer elemento del apostolado cristiano.
lunes, 11 de junio de 2007
MARTES 12 DE JUNIO
Día litúrgico: Martes X del tiempo ordinario
Texto del Evangelio (Mt 5,13-16): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos».
Comentario: Rev. D. Francesc Perarnau i Cañellas (Girona, España)
«Vosotros sois la sal de la tierra. Vosotros sois la luz del mundo»
Hoy, san Mateo nos recuerda aquellas palabras en las que Jesús habla de la misión de los cristianos: ser sal y luz del mundo. La sal, por un lado, es este condimento necesario que da gusto a los alimentos: sin sal, ¡qué poco valen los platos! Por otro lado, a lo largo de los siglos la sal ha sido un elemento fundamental para la conservación de los alimentos por su poder de evitar la corrupción. Jesús nos dice: —Debéis ser sal en vuestro mundo, y como la sal, dar gusto y evitar la corrupción.
En nuestro tiempo, muchos han perdido el sentido de su vida y dicen que no vale la pena; que está llena de disgustos, dificultades y sufrimientos; que pasa muy deprisa y que tiene como perspectiva final —y bien triste— la muerte.
«Vosotros sois la sal de la tierra» (Mt 5,13). El cristiano ha de dar el gusto: mostrar con la alegría y el optimismo sereno de quien se sabe hijo de Dios, que todo en esta vida es camino de santidad; que dificultades, sufrimientos y dolores nos ayudan a purificarnos; y que al final nos espera la vida de la Gloria, la felicidad eterna.
Y, también como la sal, el discípulo de Cristo ha de preservar de la corrupción: donde se encuentran cristianos de fe viva, no puede haber injusticia, violencia, abusos hacia los débiles... Todo lo contrario, ha de resplandecer la virtud de la caridad con toda la fuerza: la preocupación por los otros, la solidaridad, la generosidad...
Y, así, el cristiano es luz del mundo (cf. Mt 5,14). El cristiano es esta antorcha que, con el ejemplo de su vida, lleva la luz de la verdad a todos los rincones del mundo, mostrando el camino de la salvación... Allá donde antes sólo había tinieblas, incertidumbres y dudas, nace la claridad, la certeza y la seguridad.
Texto del Evangelio (Mt 5,13-16): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos».
Comentario: Rev. D. Francesc Perarnau i Cañellas (Girona, España)
«Vosotros sois la sal de la tierra. Vosotros sois la luz del mundo»
Hoy, san Mateo nos recuerda aquellas palabras en las que Jesús habla de la misión de los cristianos: ser sal y luz del mundo. La sal, por un lado, es este condimento necesario que da gusto a los alimentos: sin sal, ¡qué poco valen los platos! Por otro lado, a lo largo de los siglos la sal ha sido un elemento fundamental para la conservación de los alimentos por su poder de evitar la corrupción. Jesús nos dice: —Debéis ser sal en vuestro mundo, y como la sal, dar gusto y evitar la corrupción.
En nuestro tiempo, muchos han perdido el sentido de su vida y dicen que no vale la pena; que está llena de disgustos, dificultades y sufrimientos; que pasa muy deprisa y que tiene como perspectiva final —y bien triste— la muerte.
«Vosotros sois la sal de la tierra» (Mt 5,13). El cristiano ha de dar el gusto: mostrar con la alegría y el optimismo sereno de quien se sabe hijo de Dios, que todo en esta vida es camino de santidad; que dificultades, sufrimientos y dolores nos ayudan a purificarnos; y que al final nos espera la vida de la Gloria, la felicidad eterna.
Y, también como la sal, el discípulo de Cristo ha de preservar de la corrupción: donde se encuentran cristianos de fe viva, no puede haber injusticia, violencia, abusos hacia los débiles... Todo lo contrario, ha de resplandecer la virtud de la caridad con toda la fuerza: la preocupación por los otros, la solidaridad, la generosidad...
Y, así, el cristiano es luz del mundo (cf. Mt 5,14). El cristiano es esta antorcha que, con el ejemplo de su vida, lleva la luz de la verdad a todos los rincones del mundo, mostrando el camino de la salvación... Allá donde antes sólo había tinieblas, incertidumbres y dudas, nace la claridad, la certeza y la seguridad.
domingo, 10 de junio de 2007
LUNES 11 DE JUNIO
Día litúrgico: Lunes X del tiempo ordinario
Santoral: 11 de Junio: San Bernabé, apóstol
Texto del Evangelio (Mt 5,1-12): En aquel tiempo, viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros».
Comentario: Rev. D. Àngel Caldas i Bosch (Salt-Girona, España)
«Bienaventurados los pobres de espíritu»
Hoy, con la proclamación de las Bienaventuranzas, Jesús nos hace notar que a menudo somos unos desmemoriados y actuamos como los niños, pues el juego nos hace perder el recuerdo. Jesús temía que la gran cantidad de “buenas noticias” que nos ha comunicado —es decir, de palabras, gestos y silencios— se diluyera en nuestros pecados y preocupaciones. ¿Recordáis, en la parábola del sembrador, la imagen del grano de trigo ahogado en las espinas? Por eso san Mateo engarza las Bienaventuranzas como unos principios fundamentales, para que no las olvidemos nunca. Son un compendio de la Nueva Ley presentada por Jesús, como unos puntos básicos que nos ayudan a vivir cristianamente.
Las Bienaventuranzas están destinadas a todo el mundo. El Maestro no sólo enseña a los discípulos que le rodean, ni excluye a ninguna clase de personas, sino que presenta un mensaje universal. Ahora bien, puntualiza las disposiciones que debemos tener y la conducta moral que nos pide. Aunque la salvación definitiva no se da en este mundo, sino en el otro, mientras vivimos en la tierra debemos cambiar de mentalidad y transformar nuestra valoración de las cosas. Debemos acostumbrarnos a ver el rostro del Cristo que llora en los que lloran, en los que quieren vivir desprendidos de palabra y de hechos, en los mansos de corazón, en los que fomentan las ansias de santidad, en los que han tomado una “determinada determinación”, como decía santa Teresa de Jesús, para ser sembradores de paz y alegría.
Las Bienaventuranzas son el perfume del Señor participado en la historia humana. También en la tuya y en la mía. Los dos últimos versículos incorporan la presencia de la Cruz, ya que invitan a la alegría cuando las cosas se ponen feas humanamente hablando por causa de Jesús y del Evangelio. Y es que, cuando la coherencia de la vida cristiana sea firme, entonces, fácilmente vendrá la persecución de mil maneras distintas, entre de dificultades y contrariedades inesperadas. El texto de san Mateo es rotundo: entonces «alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos» (Mt 5,12).
Santoral: 11 de Junio: San Bernabé, apóstol
Texto del Evangelio (Mt 5,1-12): En aquel tiempo, viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros».
Comentario: Rev. D. Àngel Caldas i Bosch (Salt-Girona, España)
«Bienaventurados los pobres de espíritu»
Hoy, con la proclamación de las Bienaventuranzas, Jesús nos hace notar que a menudo somos unos desmemoriados y actuamos como los niños, pues el juego nos hace perder el recuerdo. Jesús temía que la gran cantidad de “buenas noticias” que nos ha comunicado —es decir, de palabras, gestos y silencios— se diluyera en nuestros pecados y preocupaciones. ¿Recordáis, en la parábola del sembrador, la imagen del grano de trigo ahogado en las espinas? Por eso san Mateo engarza las Bienaventuranzas como unos principios fundamentales, para que no las olvidemos nunca. Son un compendio de la Nueva Ley presentada por Jesús, como unos puntos básicos que nos ayudan a vivir cristianamente.
Las Bienaventuranzas están destinadas a todo el mundo. El Maestro no sólo enseña a los discípulos que le rodean, ni excluye a ninguna clase de personas, sino que presenta un mensaje universal. Ahora bien, puntualiza las disposiciones que debemos tener y la conducta moral que nos pide. Aunque la salvación definitiva no se da en este mundo, sino en el otro, mientras vivimos en la tierra debemos cambiar de mentalidad y transformar nuestra valoración de las cosas. Debemos acostumbrarnos a ver el rostro del Cristo que llora en los que lloran, en los que quieren vivir desprendidos de palabra y de hechos, en los mansos de corazón, en los que fomentan las ansias de santidad, en los que han tomado una “determinada determinación”, como decía santa Teresa de Jesús, para ser sembradores de paz y alegría.
Las Bienaventuranzas son el perfume del Señor participado en la historia humana. También en la tuya y en la mía. Los dos últimos versículos incorporan la presencia de la Cruz, ya que invitan a la alegría cuando las cosas se ponen feas humanamente hablando por causa de Jesús y del Evangelio. Y es que, cuando la coherencia de la vida cristiana sea firme, entonces, fácilmente vendrá la persecución de mil maneras distintas, entre de dificultades y contrariedades inesperadas. El texto de san Mateo es rotundo: entonces «alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos» (Mt 5,12).
sábado, 9 de junio de 2007
VIRTUDES FEMENINAS



VIRTUDES FEMENINAS
Este tema es realmente apasionante para mi, y al mismo tiempo significa un enorme compromiso.
La Inteligencia, La sensibilidad, La maternidad, La comprensión, La fidelidad, El espíritu de sacrificio, La pasión, etc.
Que hermoso, cuantas bellas virtudes, si nos pusiéramos a cultivarlas, habría millones de flores sobre la tierra.
La mujer, hoy es indudablemente protagonista en todos sus ámbitos: profesional, hogar, política, arte etc.
La mujer trae consigo una sensibilidad dispuesta hacia la paz, la justicia, el amor. Los hombres saben que son mejores cuando tienen una mujer a su lado que les trasmite esta sabiduría ancestral, que constituye de algún modo la esencia femenina.
Se dice siempre que detrás de un gran hombre hay siempre una “gran mujer”.
Recorrer las virtudes femeninas, los valores que sostiene la femineidad, es descubrir y redescubrir las posibilidades de una sensibilidad que reúne la firmeza con la dulzura, la capacidad de sacrificio con la ternura, el amor con el orgullo.
En cada corazón de mujer que alberga estas virtudes late la esperanza de “UN MUNDO MEJOR”
Rescatemos pues aquellas virtudes que forman parte de nuestra esencia femenina, valoremos y pongamos en práctica, esta es la garantía de un mundo mas humano.
Reuní una selección de textos poéticos, filosóficos, cuentos, de diferentes autores, para poder internalizar mejor este tema preciosísimo.
Todo lo referente coloco en la entrada de VIRTUDES FEMENINAS, ya sean cuentos, poesías o relatos.
Me atrevo a comenzar por “LA PASION”.
¿Es diferente el amor de los hombres y las mujeres? Esta es “LA PREGUNTA DEL MILLON”.
No se trata de decidir quien ama más o menos, sino de ver la forma distinta que experimentan el amor, hombres y mujeres. Cuando observamos vemos que cuando una mujer se enamora sus reacciones son totalmente diferentes al las del hombre.
Una mujer ama, con todo el cuerpo y todo el corazón, le pertenece al amor y a su amor, se entrega a él por completo, sin renuncias ni concesiones: una mujer nunca entrega parte de su vida sino “su vida entera”.
Pero esto no la obnubila ni la ciega, puede ver al hombre tal como es, y amarlo en las virtudes y en los defectos, detectar sus necesidades y acompañarlo cuando la necesita.
El verdadero amor no es sinónimo de una vida ideal, sin contratiempos, sin obstáculos, hecha de dulzuras y mieles.
Amar de verdad es estar en medio de esa vida, descubriendo en el hombre amado los motivos que la hacen seguir, a pesar de tener que pasar tal ves por muchos sufrimientos.
Las pasiones femeninas no desfallecen, perduran o se desvanecen en un instante. Las mujeres no caen en un juego de medias tintas o de negociaciones, de esperas in fundadas, de falsas expectativas, aman los desafíos, se lanzan, deciden, viven el todo o la nada; una forma de vivir en que se apuesta el cuerpo y el corazón.
Amar para una mujer forma parte del aprendizaje, del sentido de la existencia.
Solo amando la vida cobra valor y es posible hallar un sentido para nuestro estar en el mundo.
LA PRINCESA DE LA TARDE
Porque eres la suavidad que consoló mi alma triste;
Porque piadosa pusiste tu encanto en mi soledad.
Porque fuiste la frescura que no se agota al beberla;
Porque en ti se volvió perla mi feroz desgarradura.
Porque buscando en mis duelos la intimidad del arrimo,
Fue tu inmolación un mimo de pichoncitos gemelos.
Porque en candor sin falacia, volcó en mi huerto sombrío
Tu tesoro de roció la azucena de tu gracia.
Porque te he herido tanto, que ya para más quererte,
Pagaría con la muerte el exceso de mi encanto.
Porque a pesar de la fe, que a tal precio se asegura,
Me embarga ya la dulzura de lo más que te querré.
Porque en sangrienta pasión, con besos hondos y sabios
Devoraron nuestros labios, ternura de corazón.
Porque en los dulces arcanos de aquel celestial martirio,
Me diste cetro en el lirio, que así erigieron tus manos.
Porque en tu tierno abandono, al granjearme la victoria,
Fuiste mi gloria, la gloria que en mi verso pisa un trono.
Porque dueña de mis rosas adunó tu gentileza,
El misterio y la belleza de nuestras tardes gloriosas.
Porque pálida de amar, tu delicada elegancia,
Me embriagó con la fragancia, de un jazmín crepuscular.
Porque en locos embelesos del dulce mal que te imploro
Imperiales grillos de oro, puse a tus pies con mis besos.
Pies que en el ansia fatal, de mis labios transfundidos,
Se entronizaron teñidos, de sangre de mi rosal.
Porque recogí en tus huellas, como un sendero de tules,
Aquellos lotos azules, hermanos de las estrellas.
Porque en mis labios devotos florece tu idolatría
Como una soberanía de estrellas besos y lotos:
Bajo el lucero que arde en símbolo noble y fiel,
Te proclamo y juro ante el, LA PRINCESA DE LA TARDE.
Sea tu albor su primor, tu ternura su paloma,
Y tu delicia el aroma, del jardín de nuestro amor.
(Leopoldo Lugones-Argentino)
Este tema es realmente apasionante para mi, y al mismo tiempo significa un enorme compromiso.
La Inteligencia, La sensibilidad, La maternidad, La comprensión, La fidelidad, El espíritu de sacrificio, La pasión, etc.
Que hermoso, cuantas bellas virtudes, si nos pusiéramos a cultivarlas, habría millones de flores sobre la tierra.
La mujer, hoy es indudablemente protagonista en todos sus ámbitos: profesional, hogar, política, arte etc.
La mujer trae consigo una sensibilidad dispuesta hacia la paz, la justicia, el amor. Los hombres saben que son mejores cuando tienen una mujer a su lado que les trasmite esta sabiduría ancestral, que constituye de algún modo la esencia femenina.
Se dice siempre que detrás de un gran hombre hay siempre una “gran mujer”.
Recorrer las virtudes femeninas, los valores que sostiene la femineidad, es descubrir y redescubrir las posibilidades de una sensibilidad que reúne la firmeza con la dulzura, la capacidad de sacrificio con la ternura, el amor con el orgullo.
En cada corazón de mujer que alberga estas virtudes late la esperanza de “UN MUNDO MEJOR”
Rescatemos pues aquellas virtudes que forman parte de nuestra esencia femenina, valoremos y pongamos en práctica, esta es la garantía de un mundo mas humano.
Reuní una selección de textos poéticos, filosóficos, cuentos, de diferentes autores, para poder internalizar mejor este tema preciosísimo.
Todo lo referente coloco en la entrada de VIRTUDES FEMENINAS, ya sean cuentos, poesías o relatos.
Me atrevo a comenzar por “LA PASION”.
¿Es diferente el amor de los hombres y las mujeres? Esta es “LA PREGUNTA DEL MILLON”.
No se trata de decidir quien ama más o menos, sino de ver la forma distinta que experimentan el amor, hombres y mujeres. Cuando observamos vemos que cuando una mujer se enamora sus reacciones son totalmente diferentes al las del hombre.
Una mujer ama, con todo el cuerpo y todo el corazón, le pertenece al amor y a su amor, se entrega a él por completo, sin renuncias ni concesiones: una mujer nunca entrega parte de su vida sino “su vida entera”.
Pero esto no la obnubila ni la ciega, puede ver al hombre tal como es, y amarlo en las virtudes y en los defectos, detectar sus necesidades y acompañarlo cuando la necesita.
El verdadero amor no es sinónimo de una vida ideal, sin contratiempos, sin obstáculos, hecha de dulzuras y mieles.
Amar de verdad es estar en medio de esa vida, descubriendo en el hombre amado los motivos que la hacen seguir, a pesar de tener que pasar tal ves por muchos sufrimientos.
Las pasiones femeninas no desfallecen, perduran o se desvanecen en un instante. Las mujeres no caen en un juego de medias tintas o de negociaciones, de esperas in fundadas, de falsas expectativas, aman los desafíos, se lanzan, deciden, viven el todo o la nada; una forma de vivir en que se apuesta el cuerpo y el corazón.
Amar para una mujer forma parte del aprendizaje, del sentido de la existencia.
Solo amando la vida cobra valor y es posible hallar un sentido para nuestro estar en el mundo.
LA PRINCESA DE LA TARDE
Porque eres la suavidad que consoló mi alma triste;
Porque piadosa pusiste tu encanto en mi soledad.
Porque fuiste la frescura que no se agota al beberla;
Porque en ti se volvió perla mi feroz desgarradura.
Porque buscando en mis duelos la intimidad del arrimo,
Fue tu inmolación un mimo de pichoncitos gemelos.
Porque en candor sin falacia, volcó en mi huerto sombrío
Tu tesoro de roció la azucena de tu gracia.
Porque te he herido tanto, que ya para más quererte,
Pagaría con la muerte el exceso de mi encanto.
Porque a pesar de la fe, que a tal precio se asegura,
Me embarga ya la dulzura de lo más que te querré.
Porque en sangrienta pasión, con besos hondos y sabios
Devoraron nuestros labios, ternura de corazón.
Porque en los dulces arcanos de aquel celestial martirio,
Me diste cetro en el lirio, que así erigieron tus manos.
Porque en tu tierno abandono, al granjearme la victoria,
Fuiste mi gloria, la gloria que en mi verso pisa un trono.
Porque dueña de mis rosas adunó tu gentileza,
El misterio y la belleza de nuestras tardes gloriosas.
Porque pálida de amar, tu delicada elegancia,
Me embriagó con la fragancia, de un jazmín crepuscular.
Porque en locos embelesos del dulce mal que te imploro
Imperiales grillos de oro, puse a tus pies con mis besos.
Pies que en el ansia fatal, de mis labios transfundidos,
Se entronizaron teñidos, de sangre de mi rosal.
Porque recogí en tus huellas, como un sendero de tules,
Aquellos lotos azules, hermanos de las estrellas.
Porque en mis labios devotos florece tu idolatría
Como una soberanía de estrellas besos y lotos:
Bajo el lucero que arde en símbolo noble y fiel,
Te proclamo y juro ante el, LA PRINCESA DE LA TARDE.
Sea tu albor su primor, tu ternura su paloma,
Y tu delicia el aroma, del jardín de nuestro amor.
(Leopoldo Lugones-Argentino)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)